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Vigésimo
Segundo Escalón: del Orgullo
1.
El orgullo es una negación de Dios, una invención
de los demonios, el desprecio de los hombres, la madre del enjuiciamiento
al prójimo, el rechazo de las alabanzas, un indicio de esterilidad,
el alejamiento de la ayuda divina, el precursor del desorden del
espíritu, el agente de las caídas, una disposición
a la epilepsia, la fuente de la cólera, la entrada a la hipocresía,
el apoyo de los demonios, el guardián de los pecados, el
agente de la ausencia de misericordia, la ignorancia de la compasión,
un inquisidor amargo, un juez inhumano, un adversario de Dios, la
raíz de la blasfemia.
2. El comienzo del orgullo es la vanagloria consumada; su estado
intermedio es el desprecio por el prójimo, la impúdica
ostentación de sus propios trabajos, la complacencia en la
alabanzas, el odio a los reproches; y la consumación es el
renunciamiento a la ayuda divina, la exaltación de sus' propios
esfuerzos. Todas ellas son costumbres diabólicas.
3. Los que no queremos caer en esta fosa, escuchemos esto: a menudo,
esta pasión encuentra su alimento en la acción de
gracias, pues desde el principio posee la desvergüenza de aconsejarnos
negar a Dios. Vi personas que, con la boca, daban gracias a Dios,
pero interiormente se glorificaban a sí mismas. Tenemos un
testimonio de ello en el fariseo que decía solamente con
palabras: "Oh Dios, te doy gracias" (Lc 18:11).
4. Allí donde sobrevino una caída, el orgullo ya se
había dirigido, pues uno es índice del otro.
5. Un hombre venerable me dijo: "Supongamos que existieran
doce pasiones deshonrosas; si amas una de ellas — y me refiero
al orgullo — deliberadamente, ocupará el lugar de las
otras once."
6. El monje soberbio contradice con vehemencia; pero el humilde
ni siquiera se opone con la mirada.
7. El ciprés no se inclina hacia el suelo para que sus ramas
corran por él; el monje con el corazón soberbio no
lo hace más para adquirir obediencia.
8. El hombre de corazón soberbio tiene sed de mando; de otra
manera, en efecto, no puede, o mejor aún, no quiere, perderse
a sí mismo enteramente.
9. "Dios resiste a los orgullosos" (St 4:6), ¿Quién,
pues, podría tenerles piedad? "Yahvé abomina
al de corazón altivo" (Pr 16:5). ¿Quién
podría volver puro a un hombre semejante?
10. Lo que corrige a los orgullosos es la caída; quien los
aguijonea es un demonio; el efecto de esa actitud hacia Dios es
el desorden espiritual. En los dos primeros casos, a menudo el hombre
puede ser curado por hombres; pero el último es humanamente
incurable.
11. Aquel que rechaza la reprimenda manifiesta su pasión;
quien la acepta se libera de esa atadura.
12. Si esta única pasión, sin el concurso de ninguna
otra, pudo hacer caer del cielo, podemos preguntarnos si no sería
posible ascender al cielo, por medio de la humildad solamente, sin
la ayuda de ninguna otra virtud.
13. El orgullo es la pérdida de todas nuestras riquezas y
de todos nuestros afanes. "Claman, mas no hay salvador"
(Sal 17:42), sin ninguna duda porque lo hicieron con orgullo. "Se
volvieron hacia el Señor, pero él no los escuchó"
(íbid.), seguramente porque no cortan de raíz las
faltas contra las cuales imploran auxilio.
14. Un anciano dotado de un gran conocimiento espiritual reprendió
a un hermano orgulloso; pero éste, en su ceguera, le respondió:
"Perdóname, Padre, no soy orgulloso." El tan sabio
anciano le dijo: "¿Qué mejor indicio de esta
pasión podías darnos mi pequeño, que responder:
"No soy orgulloso'?"
15. A tales hombres conviene enteramente la práctica de la
sumisión, una vida más rigurosa y más humillante
y la lectura de tratados de virtud sobrenatural de los Padres. Pero,
incluso entonces, sólo existirá una pequeña
esperanza de salvación para esos enfermos.
16. Es ridículo enorgullecerse de un adorno prestado; pero
la locura máxima es hacer ostentación de los dones
de Dios. ¡Enorgullécete solamente de las ventajas que
poseías antes de nacer! Pero todo aquello que te acaeció
después de tu nacimiento, incluso tu mismo nacimiento, te
lo ha dado Dios. Solamente te pertenecen las virtudes que alcanzaste
sin la ayuda de tu intelecto. Pero tu intelecto te lo ha dado Dios.
Todas las victorias que ganaste sin la cooperación de tu
cuerpo, solamente ésas son el resultado de tus esfuerzos.
Pero tu propio cuerpo es obra de Dios y no tuya.
17. No estés tranquilo antes de haber recibido tu sentencia,
pensando en el invitado que ha entrado ya en la sala de bodas, y
échalo a las tinieblas exteriores, atado de pies y manos
(cf. Mt 22:13).
18. ¡No levantes altivo la cabeza, tú que eres tierra!
Pues muchos que eran santos e inmateriales fueron expulsados del
cielo.
19. Cuando el demonio ocupa su lugar en aquellos que trabajan para
sí, se les aparece tanto durante el sueño, como cuando
están despiertos, bajo la apariencia de un ángel santo
o de algún mártir y les revela misterios o los gratifica
con carismas para que estos desdichados, seducidos de esta manera,
pierdan completamente la razón.
20. Incluso si miles de personas murieran por Cristo, no podríamos
pagar toda nuestra deuda. Pues una es la sangre de El y otra la
sangre de los servidores; quiero decir en cuanto a la dignidad,
no en cuanto a la sustancia.
21 Constantemente debemos escrutar y examinar la vida de los Padres,
esos iluminados que nos precedieron; y descubriremos que no seguimos
de ninguna manera las huellas de su manera de vivir tan rigurosa,
y que no mantuvimos con santidad la profesión monástica,
sino que continuarnos llevando una vida completamente mundana.
El monje verdadero es un ojo interior al que nada distrae, cuyos
sentidos corporales están inmóviles.
El monje es quien llama a sus enemigos al combate como bestias salvajes
y quien los provoca cuando huyen.
El monje es quien se encuentra continuamente fuera de sí
mismo y se entristece por permanecer en la vida.
Para el monje, las virtudes llegan a ser tan naturales como para
otro los placeres.
Al monje, una luz indefectible le ilumina el ojo del corazón.
El monje es quien sumergió y ahogó cualquier espíritu
malvado en el abismo de la humildad.
22. Olvidar nuestras faltas es obra del orgullo; en efecto, su recuerdo
procura humildad.
23. El orgullo es una pobreza extrema del alma que imagina que es
rica y toma las tinieblas por luz. Esta pasión impura no
sólo traba cualquier progreso, sino incluso nos precipita
desde las alturas de la virtud.
24. El orgulloso es una granada que está podrida en su interior,
aunque reluce exteriormente de belleza.
25. El monje orgulloso no necesita del demonio; él ha llegado
a ser para sí mismo un demonio y un enemigo.
26. Las tinieblas no son compatibles con la luz y el orgullo no
puede conciliarse con las virtudes.
27. En el corazón de los orgullosos germinan palabras de
blasfemia, pero en el alma de los humildes se alzan contemplaciones
celestiales.
28. El ladrón se oculta del sol y el orgulloso desprecia
a los mansos.
29. La mayor parte de los orgullosos, y no sé cómo
se hace esto, se ignoran a sí mismos y creen que han llegado
a ser impasibles; sólo a la hora de la muerte descubren su
pobreza.
30. Quien ha sido capturado por el orgullo necesita ayuda de Dios,
pues "vano es el socorro del hombre" (Sal 107:13).
31. Sorprendí a ese seductor insensato, cuando acababa de
penetrar en mi corazón, llevado sobre la espalda de su madre,
la vanagloria. Luego de haberlos encadenado con las ataduras de
la obediencia y flagelado con el látigo de la humildad, les
pregunté cómo habían penetrado en mí.
Por medio del látigo obtuve de ellos esta respuesta: "No
tenemos ni comienzo ni nacimiento; somos, efectivamente, el principio
y la generación de todas las pasiones. La contrición
del corazón, fruto de la obediencia, es nuestro enemigo declarado;
no podemos soportar que alguien, no importa quién, nos dé
órdenes; por eso, caímos del cielo aunque ejercíamos
nuestra autoridad en él.
En una palabra, somos los creadores de todo lo que se opone a la
humildad; pues todo lo que la favorece a ella está en contra
de nosotros. Si incluso en el cielo teníamos tanto poder,
¿a dónde podrías huir de nuestra presencia?
Acompañamos a menudo, en los que están humillados,
la obediencia, la ausencia de cólera, la mansedumbre y el
servicio al prójimo. Nuestros vástagos son los pecados
de los hombres espirituales: la cólera, la maledicencia,
la acritud, el rencor, la irascibilidad, los gritos, las blasfemias,
la hipocresía, el odio, la envidia, el hábito de manejarse
a sí mismo, la contradicción, la desobediencia.
Sólo existe una cosa contra la cual no podemos emprender
nada y te la decimos, presionados por tus golpes: si no cesas de
reprenderte sinceramente ante el Señor, nos encontrarás
tan débiles como una tela de araña. Pues, tú
lo ves, el caballo del orgullo es la vanagloria; está montado
sobre ella. Pero la santa humildad y la reprobación de sí
mismo se burlan tanto del caballo como del jinete, cantando alegremente
el himno de la victoria: 'Canto a Yahvé pues se cubrió
de gloria arrojando en el mar caballo y carro' (Ex 15, 1), en el
abismo de la humildad." Quien supere, si es posible superarlo,
el vigésimo segundo escalón estará lleno de
fuerza.
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As
prósforas são utilizadas na Liturgia Bizantina de
onde é retirado o Cordeiro ofertado na Eucaristia, elaborado
com levedura e preparado sempre por um(a) fiél ortodoxo(a)
segundo uma fórmula específica de acordo com a Tradição
da Igreja
Turibulo usado na liturgia bizantina

S. Serafim Vyritzkiy

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